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Yolanda Campos "Primer Intento"
Yolanda Campos                               "Primer Intento"

FAVOR POR FAVOR

“A menudo las cosas no son lo que parecen” escribió Felipe.

Trabajaba en ese pequeño hotel de la capital desde hacía tres meses  por hacerle un favor a un amigo. “Es sólo hasta que encuentre a alguien” le había dicho. “Además la pasta no te vendrá mal. No creo que puedas vivir de lo que escribes” .El ritmo de trabajo era tranquilo y, bien mirado, el hotel podía ser una fuente de inspiración. Desde el mostrador de encargado proporcionaba alojamiento a modestos hombres de negocios, algunas mujeres empresarias, jóvenes comerciales de ambos sexos, pequeños grupos de amigos y lo que más llamaba su atención: parejas que cogían una habitación durante unas horas.  Uno de los clientes con los que había congeniado era don José, un hombre de sesenta y cinco años, alcalde según él de un pequeño pueblo de Córdoba empeñado en hablar con alguien del ministerio para que arreglaran la carretera de su localidad. -Mira, si coges a cuatro políticos, del partido que sea -le decía en confidencia esa mañana-, verás que uno es un vago que quier vivir del cuento, otro es tonto pero queda bien en los medios, el tercero es un sinvergüenza, un listillo y sólo uno es decente con buenos propósitos.Felipe desde detrás de sus gafas de montura dorada, asentía sin mucha convicción, a sus treinta años todavía creía que era posible un mundo justo.La entrada de una mujer de mediana edad con una pequeña maleta, interrumpió nuevamente sus intenciones de adelantar algo su relato ese día. -Tengo una reserva a nombre de Carolina de la Vega -dijo sin saludar, con una voz firme pero muy agradable.Él, acompañado de un “buenos días”, le pidió su carnet de identidad. Mientras iba metiendo sus datos en el registro del hotel, aprovechaba para examinarla en profundidad: estatura media, cabello largo y castaño, ojos color Coca cola … buen cuerpo.-Habitación 302 -le informó a la vez que con una mano le indicaba: -por ese ascensor, en el tercer piso.¿Quién era esa mujer? “No lleva equipaje de trabajo, luego no es representante ni comercial de ninguna empresa. No va vestida como una ejecutiva, ¿Una turista? No. No tiene acento extranjero ni de fuera de aquí”. Pensaba a la vez que la veía alejarse con una forma de moverse que se le antojó muy sensual.-Menuda brasa te da el cordobés.-No te metas con él. Es un tío íntegro, se preocupa por su pueblo -defendió Felipe a su cliente ante Paco, el camarero del bar.-Sí, sí. Por su pueblo. Tú no ves a qué horas viene y en qué estado.Cuando se disponía a recriminarle su actitud poco profesional, vio venir a la camarera con la cara desencajada corriendo por el pasillo.-¡Don José! -gritaba.-¡Don José, no se mueve! He pasado a hacer su habitación … Yo. ¡No se qué le pasa!Inmediatamente Felipe se hizo cargo de la situación. Comprobaron que no respiraba y mandó llamar a una ambulancia y a la policía. El médico certificó su muerte y la policía que no era alcalde de ningún pueblo desde hacía diez años. Por lo visto había hecho la mili en Madrid y se había echado una novia, a la que abandonó para volverse a su tierra. No se casó nunca y nunca olvidó a su novia madrileña. En este viaje por fin había logrado localizarla. La pasada noche le había propuesto matrimonio y ella le había aceptado. Su maltrecho corazón no resistió tanta emoción.-Al menos murió feliz -comentó Paco a la vez que hacía un gesto obsceno con los dedos.-¿Te han dicho alguna vez que tienes la sensibilidad en el culo? -amonestó Felipe a su compañero. La familiaridad en el trabajo estaba bien en pequeñas cantidades, pero el camarero a menudo tendía a la sobredosis.A la mañana siguiente, recuperada la rutina, Felipe intentaba plasmar en palabras lo sucedido por si le servía para su libro. La voz de su amigo y jefe le sacó de su tarea.- Felipe, te presento a Carolina de la Vega, tu sustituta.“A menudo las cosa no son lo que parecen” escribió Felipe.                                   
YOLANDA CAMPOS

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© Angel Del Castillo Llorente

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