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Yolanda Campos "Primer Intento"
Yolanda Campos                               "Primer Intento"

YOLANDA CAMPOS CAÑETE

 

 

 

 

 

 

 

A las cuatro en punto, una taza de café

 

 

“Venga que es la hora”.

Todas las tardes, a las cuatro en punto, Amelia deja de fregar, se prepara una taza de café y enciende la radio. Es su momento. Lo hace desde ...uf! desde siempre y sin querer recuerda: Clásicos Populares, Fernando Argenta, Araceli González Campa … Pero ahora el motivo es más personal: su hija lleva un año viviendo en Francia...

 

–¿Está papá? –pregunta Laura a su madre que al oír la puerta se ha precipitado al pasillo.

–Tu padre ha dicho que vendrá tarde. ¿Qué pasa? –Amelia mira el reloj, su hija ha venido más pronto que de costumbre del trabajo. “Esto no puede ser nada bueno”. Reflexiona, pero no quiere alarmarla–. ¿Has comido algo?

–¿Has tomado ya café? –pregunta Laura eludiendo la consulta de su madre. Abre la nevera y saca el bote del café–. Da igual, te lo cuento a ti y luego, cuando llegue papá se lo contamos las dos.

Amelia siente el acelerón del pulso, pero es una especialista del disimulo. Se sienta en el banco de la rinconera, contempla a su niña: “Nunca la he enseñado a preparar café. Pero lleva veinticinco años viéndolo”.

Laura dilata el momento. Sabe que su madre se está impacientando, pero es posible que así lo encaje mejor cuando le suelte el bombazo que trae. El café borbotea al fuego. Lo retira y se acerca a la mesa.

– ¿Taza grande o pequeña?

– ¡Quieres hablar de una vez! –estalla Amelia–.Pequeña. Ya he tomado uno –informa más calmada.

–Me han propuesto irme a trabajar a Francia. –suelta sin más demora ni reserva la joven.

La madre no reacciona, calla, espera, tiene que haber más, alguna explicación...

– Tú no sabes francés –dice al cabo de unos cuantos sorbos de café. Es su manera de decirle no sé de qué va ésto, pero no te vayas.

–¿Es eso todo lo que te importa? –Laura ha visto la fugaz expresión de dolor en el rostro de su madre. No tenía tomada la decisión. Ahora sí y está dispuesta a defenderla–.¿No quieres saber por qué o qué voy a hacer allí?

 

 

El recuerdo la conmueve. Le costó dejar que su hija se explicase sin meter baza, sin poner “peros”. La empresa quería alguien para examinar la introducción de productos españoles acomodándolos al gusto franco y habían pensado en ella. Lo del francés era cosa de poca importancia. Haría un curso acelerado …

Lo más importante fue el acuerdo al que llegaron: todas las tardes, a las cuatro pondrían la radio para estar en contacto.

 

 

 

La voz de Toni Garrido produce en Amelia el mismo efecto que el flautín en la serpiente cuando sale del moderno aparato de radio, inundando la atmósfera de la amplia cocina. Ésta, sentada en el banco de la rinconera pasa por alto una nueva mancha, con la pequeña taza entre las manos se dispone a disfrutar: es martes, las Inculteces, las Rocas Forestales. Entran en el estudio Xosé Castro, Yonyi Arenas, Jorge Ponce …

… “Mi madre dice que tiene un collar de cristales de Eroski”...

Amelia une sus carcajadas a las del grupo de “incultécicos”.

 

–R JT. nos manda ésta de su suegra –dice Xosé Castro y lee: “no hay monos por la cuesta.”

–Venga –intenta poner orden Garrido– vamos con otra.

–Una pareja –sigue Castro entre un caótico silencio–, hablando de su método

anticonceptivo favorito dice: Nosotros practicamos la abstención.

 

Amelia se ha reído una vez más, pero su pensamiento ha desconectado del programa. Son los ochenta y es invierno, las fiestas de Navidad. Su hija es pequeña, unos dos años. Ya va a la guardería y le están enseñando villancicos. En esa misma cocina, Amelia está bastante nerviosa pues tiene que preparar la cena de Nochebuena para la familia de su marido. La pequeña tira del pantalón de chandal de su madre con insistencia. Ella la mira, lleva una pandereta en la mano.

–Ahora no, Laura. No ves que estoy ocupada –le dice a la niña controlando como puede su tono.

–Cantar “bombero floreano”, cantar “bombero floreano”, cantar “bombero floreano” –repite como un mantra la pequeña a la vez que golpea la pandereta.

 

La salvación llega para Amelia en forma de marido. Eduardo abre la puerta de la calle y se encuentra la mirada de socorro de su mujer. Coge a su hija en brazos. La sube muy alto. La cría ríe, pero en seguida recuerda y vuelve a su cantinela: cantar bombero floreano.

–¿Qué es eso que dice?

–No lo sé. Ha llegado de la guarde, ha cogido la pandereta y desde entonces repite lo mismo. ¡Me tiene loca con el dichoso bombero!

Laura, ven. Vamos a poner el disco de los villancicos.

 

Las cancioncillas navideñas van sonando una tras otra: campana sobre campana, el tamborilero, hay del chiquirritín, … y por fin …

 

–¡Amelia! –llamó Eduardo a su mujer saliendo al pasillo–. Ven enseguida.

 

 

 

Ambos progenitores no se lo pueden creer: la niña al oír que empezaba “los peces en el río” se ha puesto a tocar la pandereta, a medio cantar la letra completamente calmada y al llegar la parte que dice : “y el romero floreciendo”, lo entendieron.

Allí estaba su BOMBERO FLOREANO.

 

Esa Nochebuena toda la familia cantó los peces en el río versión guardería.

 

Cuando Amelia vuelve de su viaje en el tiempo la sección ha cambiado. Están con las Rocas Forestales. Un brillo le ilumina la mirada y una sonrisa maliciosa le recorre la comisura de los labios. ¿Y si mandase la anécdota de su hija como una Roca Forestal ahora que ella está lejos y sólo la podría escuchar impasible, sin poder hacer nada? Pero.. . ¿Se podía considerar eso una “Roca forestal”?



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